La necesidad de impulsar políticas públicas que ayuden a disminuir la brecha laboral entre mujeres y hombres se hace cada vez más evidente, especialmente cuando las perspectivas económicas muestran una baja.

La necesidad de impulsar políticas públicas que ayuden a disminuir la brecha laboral entre mujeres y hombres se hace cada vez más evidente, especialmente, en un entorno en el que las perspectivas económicas muestran una baja de ritmo en la generación de empleo. Asimismo, es necesario que autoridades y empleadores las lleven a cabo en conjunto.

De acuerdo con cifras al tercer trimestre de este año de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de los 57.3 millones de personas que forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA), 22.4 millones son mujeres, lo que representa casi 40% de la PEA.

Destaca también la tasa de informalidad que, para el caso de mujeres, es ligeramente mayor que la de los hombres, al colocarse en 57.7% contra 55.8 de los hombres. En cuanto acceso a las instituciones de salud, 13.3 millones de mujeres del total de la población ocupada carecen de este servicio, y respecto a los 37.5 millones de trabajadores subordinados y remunerados, 6.1 millones de mujeres no tienen acceso a las instituciones de salud y 4.8 millones de mujeres carecen de prestaciones laborales.

Ante esta realidad, el reciente reporte Evolución y perspectivas de la participación laboral femenina en América Latina, publicado en la colección Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, que realizan en conjunto la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señala que algunas estimaciones calculan que ante un escenario de máximo potencial en el que las mujeres tuviesen una participación laboral idéntica a la de los hombres, el Producto Interno Bruto (PIB) anual global se incrementaría en 28 billones de dólares hacia 2025; lo que significa que la economía mundial crecería 26% y, para el caso concreto de las economías de América Latina, se estima que el PIB de los países aumentaría en promedio entre 4% y 14%.

Lo anterior se desprende de que la mayor participación laboral de las mujeres se relaciona con más crecimiento, reducción en la desigualdad de los ingresos y aumento de la resiliencia económica. El reporte de la CEPAL/OIT precisa que si bien en la región se ha disminuido la brecha laboral de género aún hay mucho por hacer, ya que la brecha pasó de casi 40 puntos porcentuales en los inicios de la década de los noventa, a 26 puntos porcentuales a inicios de la del 2010.

“Es necesario no sólo disminuir, sino asumir el reto de acabar con la brecha de género, en especial, en el entorno laboral; en el caso de GINgroup, esta tarea la hemos asumido desde que nacimos, hace más de 38 años, pues ponemos al alcance de los empleadores una política integral en la administración del talento humano a partir de las habilidades y capacidades en las que fortalecemos a nuestros colaboradores, para que las oportunidades de integración al mercado laboral, no sean por cuestiones de género”, aseguró el Dr. Raúl Beyruti Sánchez, Presidente de GINgroup.

En cuanto al impacto de las nuevas tecnologías en la participación laboral de las mujeres, Evolución y perspectivas de la participación laboral femenina en América Latina, destaca que uno de los aspectos particulares que ha generado expectativas en los años recientes, es el efecto que la digitalización o la consolidación de modelos de negocio, basados en el trabajo a través de plataformas digitales podrían tener en la participación laboral de las mujeres, ya que señala que “la posibilidad de llevar un negocio propio, o de trabajar a distancia para empleadores locales o de otros países a través de plataformas, ha dado lugar a nuevas formas de empleo que ofrecen la ventaja de brindar mayor flexibilidad en cuanto al horario y al lugar de trabajo, y permiten combinar el estudio o las responsabilidades del hogar con el trabajo”.

No obstante, lo anterior, advierte que esta mayor flexibilidad de horario y lugar de trabajo, también puede implicar peores condiciones laborales cuando esto se traduce en mayores horas efectivas trabajadas y en problemas para separar la vida privada de la laboral, lo que genera mayor carga emocional y menos tiempo libre. Es importante tener presente que estas nuevas formas de empleo, no deben estar asociadas con mayor precarización laboral.

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