El desarrollo de habilidades y competencias de la fuerza laboral de México será determinante para incrementar los niveles de productividad, además de propiciar un mayor dinamismo en la generación de empleos formales. Por ello, el diagnóstico sobre estos rubros que ha elaborado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es una herramienta que se convierte en la piedra angular para detonar una mayor competitividad del país.

GINgroup, empresa mexicana especializada en la administración integral de capital humano con más de 36 años de experiencia, presidida por Raúl Beyruti Sánchez, Contador Público Certificado, considera que la participación de los empleadores en reforzar el sector laboral es fundamental para el desarrollo, en línea con lo que contempla el diagnóstico que elaboró y divulgó recientemente la OCDE sobre el desarrollo de la Estrategia de Competencias, Destrezas y Habilidades de México 2017.

Según la OCDE, México es el segundo país de entre sus miembros, después de Noruega, que inicia un desarrollo para articular una estrategia nacional de competencias de la mano de esta Organización, y que incluye tanto el diagnostico como las fases de acción.

Dicho estudio, precisa que en nuestro país existe un gran número de mexicanos que “carecen de servicios básicos de buena calidad en materia de educación, salud y vivienda, y muchos trabajan en la economía informal bajo condiciones laborales precarias”. Asimismo, sin una inversión adecuada en el desarrollo de destrezas, habilidades y competencias se corre el riesgo de que el progreso tecnológico no se transforme en crecimiento “y los países son incapaces de competir en una economía mundial que se basa cada vez más en el conocimiento”, afirma la OCDE.

En estos ámbitos, el panorama actual de México no es el mejor. Ya que, por ejemplo, en el rubro educativo, durante la transición del nivel medio a nivel medio superior, el índice de escolarización de los alumnos de entre 15 y 19 años de edad cae cerca de 54%, que significa el índice más bajo para este grupo de edad de los países que integran la OCDE; otro punto relevante, es que solo 16% de adultos de entre 25 y 64 años de edad han cursado estudios en educación superior.

A lo anterior se debe añadir que México tiene una mano de obra poco calificada, dando como resultado que la fuerza laboral tienda a especializarse en actividades de bajo valor agregado que impide tener un buen desarrollo, originando una preponderancia de empleo informal, cuya tasa se calcula en 52%; el desenlace inevitable de este escenario es que se genera una baja productividad y menor crecimiento, lo que representa mayores costos sociales y pérdida de ingresos fiscales, recursos que de captarse podrían destinarse en inversiones para incrementar prestaciones educativas y formativas.

En cuanto a la estrategia, la OCDE ha definido tres pilares para llegar al fortalecimiento del sistema de competencias en México: Desarrollo de competencias relevantes, Activación de la oferta de competencias, y el Uso efectivo de competencias.

El primero de ellos, descansa en los desafíos de mejorar el nivel y el desarrollo de las competencias de los alumnos cuando cursan la educación obligatoria y en aumentar el acceso a la educación superior a la vez que se mejora la calidad y la relevancia de competencias desarrolladas en la educación superior. El segundo, se sustenta en eliminar las barreras en el ámbito de la oferta y la demanda a fin de activar las competencias en el empleo formal y promover la activación de competencias de grupos vulnerables.

El tercero, se enfoca en los retos de mejorar el uso de competencias en el trabajo y el de apoyar la demanda de mayores competencias con un buen desarrollo, con el objetivo de impulsar la innovación y la productividad. El complemento es respaldar la colaboración entre el gobierno y las partes interesadas para alcanzar un mejor desarrollo en esta materia, así como mejorar el financiamiento público y privado para apuntalar las competencias.