Nadie es tan responsable del resultado de nuestros actos, como nosotros mismos. Somos quienes definimos la línea de trabajo y la manera de ejecutar las labores que nos han encomendado, por ello, nuestra actitud debe ser la más positiva.

La compañía puede brindarnos las condiciones idóneas para el desarrollo de nuestras actividades, sin embargo, si nuestra actitud siempre va en contra de lo que nos ofrece y nos aferramos a buscar defectos o debilidades en prestaciones y beneficios, y alimentamos juicios sin valor acerca de nuestros mismos compañeros de trabajo, no habrá empresa competente a nuestros gustos y requerimientos.

La actitud negativa, la apatía y la crítica dañina propician el fracaso y el ambiente hostil que de nada sirve para el cumplimiento óptimo de nuestras labores. Una postura así, no sólo afecta el trabajo de quien la aplica, también el de su área y personal alrededor, por ello es muy importante retractarse y adoptar una mejor cara y disposición al día a día. La armonía no es una prestación de la empresa, es una elección personal para vivir la vida, crecer y evolucionar personal y profesionalmente.

Básicos para decirle adiós a la apatía

Entendiendo que la apatía es un trastorno del ánimo que deja a la persona desmotivada y sin energía alguna, bien podríamos plantear estos tres puntos de salida a ese estado.

  • Captura de pantalla 2016-08-17 a la(s) 12.10.40 p.m.Practica tus hobbies. Dejando atrás el argumento de la falta de tiempo, buscar espacios para realizar las actividades favoritas, es un excelente intento para salir de la rutina y cargarte de positivismo.
  • Define objetivos. Priorizar las tareas diarias resulta benéfico para tener una agenda ordenada; estar activo nos aleja de pensamientos negativos y poco constructivos.
  • Establece metas claras. Seguir un propósito es alimentar el ánimo y la ilusión de conseguir lo deseado. El tema aquí es plantearse un tiempo específico para cumplir el objetivo; esto impulsa a seguir adelante sin decaer.

 

“El número de veces que tuve éxito, es directamente proporcional al número de veces que fracasé y fui capaz de seguir intentándolo”. Tom Hopkins.

 

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